Por Alvaro Ortíz. Nilton Huamán es un abogado peruano que llegó a Argentina hace más de 20 años. Gerente legal en uno de los principales canales de televisión de la señal abierta, además de docente en la escuela de River Plate, Nilton cuenta una historia de éxito propia de los desafíos y lecciones de la experiencia migrante.
¿Cómo inició tu relación con el derecho cuando empezaste a estudiar la carrera en Perú?
Creo que tuve la suerte de tener la experiencia contraria a la mayoría, esa de decidir que estudiar primero y luego averiguar si me gustaba. Siempre tuve claro lo que quería de pequeño y estaba entre Medicina y Derecho. Rápidamente descarté la primera al exponerme a ver en vivo una fractura expuesta y descubrí que tenía grandes aptitudes para ser abogado. También agradezco que no tuve nunca un momento de duda porque el derecho no es algo estático, siempre aparecen cuestiones nuevas.
¿Por qué migrar y por qué a Argentina específicamente?
Mi llegada al inicio la motiva que mis padres llegaron al país cuando yo ingresé a la facultad en Perú. Luego de mis primeras prácticas y el primer trabajo en un estudio, creía que había momentos donde uno siente que las etapas terminan y necesitaba un diferencial mayor a nivel académico. En un principio, mi plan en Argentina era estudiar un año y regresar.
¿Qué pasó entonces?
Al terminar esos estudios, surgió la posibilidad de una pasantía que necesitó algunos contactos en Perú que pude ayudar a resolver. Luego de salvar esa situación, empecé a armar mi camino sin darme mucha cuenta hasta que me ofrecieron un trabajo profesional en Argentina con beneficios que un abogado no suele tener en el Perú.
¿Cuál crees que fue el diferencial para conseguir esa oportunidad?
Creo que me vieron capaz de resolver y organizar en medio del caos. Y el estudio necesitaba ese perfil para un cliente con una relación de larga data. Incluso con esa oferta, todavía no definía al cien por ciento que quería quedarme en Argentina porque implicaba revalidar todos mis estudios, además de abandonar la posibilidad de volver a Perú.
¿Fue difícil asimilar la idea de establecerte en Argentina?
Lo cierto es que yo me mantenía muy cerca de mi vida en Perú esos primeros años, incluso comprometiendo mis horas de sueño por seguir en contacto con mis amigos. Un día, un abogado bastante grande vino a mi oficina y me cuestionó ese apego y por qué el que siempre hacía ese esfuerzo extra era yo. Sentenció que no podía vivir en dos husos horarios y que necesitaba definir en dónde concentrar todas mis fichas. Me hizo darme cuenta que, más allá de mi capacidad, necesitaba comprometerme de lleno con esta nueva experiencia.
¿Qué obstáculos experimentaste en esos primeros años?
En primer lugar mi reválida, entre burocracia y procesos administrativos propios de la educación pública, se extendió por casi 4 años. Recuerdo incluso que me cancelaron la validación de una de las cinco materias el mismo día y tuve que quedarme a dormir en La Plata una noche sin conocer a nadie Las 5 materias, además, agrupaban en 1 lo que en Perú eran 4 o 5 cursadas individuales, con aviso de convocatoria de menos de una semana y sin posibilidad de desaprobar. Al final, creo que el proceso, con todas las frustraciones y ansiedades, me ayudó a comprometerme definitivamente con esta aventura.
¿En qué contexto se da tu llegada a Telefe?
Siempre me imaginé más en una empresa que en un estudio de abogados porque la veía como un espacio más retador. Honestamente, nunca estuvo en mis planes trabajar en un medio de comunicación, pero una abogada colega era muy amiga de la gerente legal de Telefe en ese entonces y me comentó que necesitaban a alguien con mi perfil. Con todo lo drástico que pudo ser el cambio para mí, me tomé los primeros años para aprender la lógica detrás de un canal de televisión. Al final, el mundo del derecho y la vida profesional es mucho de ir conectando una cosa con otra hasta que te das cuenta de todo lo construido.
¿La oportunidad de ser profesor es también uno de esos eslabones que conectó naturalmente?
Debo admitir que la docencia siempre estuvo en mi cabeza. Desde que estudiaba en Perú me planteaba ser ayudante de cátedra porque considero que cuando uno enseña, aprende el doble. Ya venía dando charlas y conferencias para los socios de Telefe en el interior y encontraba fascinante la idea de aportar, desde lo más sencillo, algo valioso para productores, técnicos o periodistas. Una persona que solía convocarme era profesor en la escuela de River Plate y reconocía mi trabajo. De un momento a otro, me ofreció la cátedra de Legislación en Medios del instituto y así es como en agosto pude cumplir esa pequeña meta que me hizo sentir muy bien conmigo mismo.
Por último, ¿qué consejos le darías a otras personas que recién empiezan su experiencia migrante en un país nuevo, como tú hiciste allá por el 2004?
Primero, no te tomes nada personal. Todos recibimos y damos opiniones. Cuando entendí eso, incluso con críticas como que le estoy quitando trabajo a un argentino, siempre respondí con trabajo y más trabajo. Tuve que repetirme que las cosas buenas de mi vida me las gané y no me las regalaron, hasta que pude asimilarlo al cien por ciento, manteniéndome siempre agradecido con quienes me dieron esa chance para hacerla mía. Con eso logrado, aprendí a valorar, de manera mucho más consciente, las situaciones, personas y momentos de cada día, por más pequeños que parezcan.









